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	<title>briseis</title>
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	<modified>2008-10-21T04:06:21+00:00</modified>
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	<dc:subject>Música</dc:subject>
	
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		<author>
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		<title>Un adios sin tormentas...</title>
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		<issued>2008-10-21T04:06:21+00:00</issued>
		<updated>2008-10-21T04:06:21+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;No esperes tormentas&lt;br /&gt;
Ni vientos que arranquen&lt;br /&gt;
No quiero un adiós&lt;br /&gt;
De emociones grandes&lt;br /&gt;
Si vienen granizos&lt;br /&gt;
O levantan aire&lt;br /&gt;
Hablando con calma&lt;br /&gt;
Fuera tempestades&lt;br /&gt;
Donde hubo amor&lt;br /&gt;
Y un sentir tan grande&lt;br /&gt;
No caben discordias&lt;br /&gt;
Palabras infames&lt;br /&gt;
Ni odio, ni rencor&lt;br /&gt;
Palabras que dañen&lt;br /&gt;
Recordando amor&lt;br /&gt;
Del odio olvidarme.
&lt;/p&gt;

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		<author>
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		</author>
		<id>http://briseis.lacoctelera.net/post/2007/06/13/a-mis-amigos-les-adeudo-ternura-y-palabras-aliento-y</id>
		<title>A mis amigos les adeudo ternura y palabras aliento y</title>
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		<issued>2007-06-13T04:41:01+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T07:58:42+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;&lt;FONT color=#339999&gt;A mis amigos les adeudo la ternura&lt;br /&gt;
y las palabras de aliento y el abrazo;&lt;br /&gt;
el compartir con todos ellos la factura&lt;br /&gt;
que nos presenta la vida, paso a paso.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A mis amigos les adeudo la paciencia&lt;br /&gt;
de tolerarme las espinas más agudas;&lt;br /&gt;
los arrebatos de humor, la negligencia,&lt;br /&gt;
las vanidades, los temores y las dudas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un barco frágil de papel,&lt;br /&gt;
parece a veces la amistad&lt;br /&gt;
pero jamás puede con él&lt;br /&gt;
la más violenta tempestad&lt;br /&gt;
porque ese barco de papel,&lt;br /&gt;
tiene aferrado a su timón&lt;br /&gt;
por capitán y timonel:&lt;br /&gt;
un corazón.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A mis amigos les adeudo algún enfado&lt;br /&gt;
que perturbara sin querer nuestra armonía;&lt;br /&gt;
sabemos todos que no puede ser pecado&lt;br /&gt;
el discutir, alguna vez, por tonterías.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A mis amigos legaré cuando me muera&lt;br /&gt;
mi devoción en un acorde de guitarra&lt;br /&gt;
y entre los versos olvidados de un poema,&lt;br /&gt;
mi pobre alma incorregible de cigarra.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un barco frágil de papel,&lt;br /&gt;
parece a veces la amistad&lt;br /&gt;
pero jamás puede con él&lt;br /&gt;
la más violenta tempestad&lt;br /&gt;
porque ese barco de papel,&lt;br /&gt;
tiene aferrado a su timón&lt;br /&gt;
por capitán y timonel:&lt;br /&gt;
un corazón.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Amigo mío si esta copla como el viento,&lt;br /&gt;
adonde quieras escucharla te reclama,&lt;br /&gt;
serás plural, porque lo exige el sentimiento&lt;br /&gt;
cuando se lleva a los amigos en el alma.&lt;br /&gt;
&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;

		</content>
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		<author>
			<name>briseis</name>
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		<id>http://briseis.lacoctelera.net/post/2007/06/03/hoy-sone-te-sonaba</id>
		<title>hoy soñe que te soñaba</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://briseis.lacoctelera.net/post/2007/06/03/hoy-sone-te-sonaba" />
		<issued>2007-06-03T21:25:10+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T07:56:25+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;es raro dormirse y sentir el calido cuerpo de la persona aquien amas junto al tuyo, poder sentir su respiracion muy serca de tu cuerpo...pero hoy, hoy me di cuenta que solo era un sueño un sueño en el que soñaba que estabas conmigo y que en estas noches frias de invierno me calentabas pero era solo un sueño...gran sorpresa la mia cuando desperte y vi que seguia sola con tu recuerdo...
&lt;/p&gt;

		</content>
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		<author>
			<name>briseis</name>
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		<id>http://briseis.lacoctelera.net/post/2007/05/27/-infeccion-unas-lagrimas-sangre-ilusiones</id>
		<title> infeccion unas lagrimas sangre ilusiones</title>
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		<issued>2007-05-27T16:51:28+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T07:55:09+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;&lt;SPAN class=postbody&gt;Infección para unas lagrimas de sangre &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ilusiones frustradas, en el espejo del miedo&lt;br /&gt;
acostadas en este incierto presente,&lt;br /&gt;
comienzo a creer que la infección que por ti siento&lt;br /&gt;
es el cuchillo sangriento&lt;br /&gt;
deseoso por cortar con esa oxidación&lt;br /&gt;
que empuña quien lo carga&lt;br /&gt;
el hilo delgado y azul, del suicidio,&lt;br /&gt;
las cloacas de mis neuronas se irritan&lt;br /&gt;
con el dolor que es introducir nuevos recuerdos,&lt;br /&gt;
tal vez en esas nubosidades de momentos&lt;br /&gt;
destrozare la ironía de tu belleza&lt;br /&gt;
golpeando con golpes de caricias,&lt;br /&gt;
creando sonidos deformes&lt;br /&gt;
mediante los gritos de labios negros. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La gota que se escapa de mi ojo&lt;br /&gt;
fruncirá este odio desde el silencio&lt;br /&gt;
buscando ese respiro ultimo, de un amoniaco eterno,&lt;br /&gt;
siento una angustia desesperante&lt;br /&gt;
es un regalo envuelto en normas, sociales,&lt;br /&gt;
cada insípido murmullo de un montón de mentiras&lt;br /&gt;
flota en carne putrefacta , en ese interior&lt;br /&gt;
tan marchito, sobre el hedor, común,&lt;br /&gt;
juntos se emplazan a huelga unos órganos humanos&lt;br /&gt;
con la calma que arroje mi alma , al purgatorio&lt;br /&gt;
esos ataúdes aguardando unas flores sin vida&lt;br /&gt;
tantos gusanos, aves carroñeras esperando un cuerpo frió;&lt;br /&gt;
mi mirada es nublada, carente de cualquier expresión,&lt;br /&gt;
deseché sangre en una gota, se metió a mis entrañas&lt;br /&gt;
después la expulse y ahora parece ser una lagrima,&lt;br /&gt;
el tiempo se agota, el reloj continua avanzando&lt;br /&gt;
mientras tanto, cúmpleme un deseo&lt;br /&gt;
destruye el mundo que me rodea, aíslame en funerales&lt;br /&gt;
encuentra mi aliento, se esta desvaneciendo&lt;br /&gt;
corrompe mis latidos, con un te quiero&lt;br /&gt;
descontrola la esquizofrenia que siento, por un abrazo&lt;br /&gt;
asesíname, para que renazca de nuevo&lt;br /&gt;
dale significado a la eutanasia&lt;br /&gt;
con esta compleja forma de querernos. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Trágate mi corazón, y escúpelo&lt;br /&gt;
déjame , un instante para colocarlo de nuevo&lt;br /&gt;
junto a tanto humo lleno de pulmones&lt;br /&gt;
abajo de tanta ignorancia para un cerebro,&lt;br /&gt;
al llevar el recuerdo inquietante&lt;br /&gt;
de vagar entre los muertos, en un errante trayecto&lt;br /&gt;
directamente al rugir desgarrador de mis huesos,&lt;br /&gt;
alcé la vista para alcanzar a ver&lt;br /&gt;
la lluvia inquebrantable ante el gris en el cielo;&lt;br /&gt;
comienzo a preguntarme, aun sabiendo lo ignorante, que soy&lt;br /&gt;
si la existencia de movimiento puede hacerme&lt;br /&gt;
capaz de escribir una oración,&lt;br /&gt;
sentiré con la voz interna transgredir el rencor&lt;br /&gt;
un descomunal miedo, más allá de el usual,&lt;br /&gt;
con la insuficiencia embargando las letras&lt;br /&gt;
cualquier lagrima con sangre que expulsen mis venas&lt;br /&gt;
volverá a nacer, escapando por un instante&lt;br /&gt;
de las manos ensangrentadas, sin ningún tipo de remordimiento. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Confundiendo tus colmillos con metales&lt;br /&gt;
frunces ahora ser maldito, mis identidades&lt;br /&gt;
al dolor provocado, cada vez en que renazco del excremento&lt;br /&gt;
en suaves primaveras, al soslayo de un verano&lt;br /&gt;
lo cambio por una búsqueda de imágenes&lt;br /&gt;
donde hieren los ecos que retornan&lt;br /&gt;
lentamente dejando, algunos lamentos&lt;br /&gt;
en cartas, en poemas, que navegan&lt;br /&gt;
sin así quererlo ese liquido aberrante, que esta acabando&lt;br /&gt;
con el oxigeno del asfalto, del piso nauseabundo&lt;br /&gt;
inerte, sin latidos, catador de mis desilusiones. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La sangre transmitiendo enfermedades&lt;br /&gt;
el corazón latiendo a un ritmo constante&lt;br /&gt;
oxigeno convirtiéndose en humo&lt;br /&gt;
la deformidad haciéndose belleza,&lt;br /&gt;
en funerales se programaron crematorios&lt;br /&gt;
para toda la carne fría y excitada&lt;br /&gt;
por un nuevo génesis, tan cercano&lt;br /&gt;
el todo se hace un nada&lt;br /&gt;
las constantes actúan como variables,&lt;br /&gt;
puedo sentir la vida desaparecer,&lt;br /&gt;
como si fuera a tocar con mis dedos temblorosos&lt;br /&gt;
la lluvia insípida de un poeta muerto&lt;br /&gt;
extirpando cualquier principio de abandono&lt;br /&gt;
bebo la necesidad de extender esta agonía&lt;br /&gt;
aclamo con muestras sanguíneas, tener&lt;br /&gt;
y que me den la oportunidad para curar mis heridas&lt;br /&gt;
retrocediendo los daños emocionales,&lt;br /&gt;
con cajas de pastillas repletas con calmantes. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Abriendo los párpados&lt;br /&gt;
para despertar de la muerte&lt;br /&gt;
intoxicándome con somníferos&lt;br /&gt;
solo así puedo saber que existe la luz,&lt;br /&gt;
entonces cuando volveré a sentir mi cuerpo&lt;br /&gt;
con el calor espiritual de la vida&lt;br /&gt;
como concebiré las neuronas inertes&lt;br /&gt;
en grados de pensamientos,&lt;br /&gt;
si ni siquiera puedo hacer de la respiración&lt;br /&gt;
una mezcolanza de contaminantes.&lt;br /&gt;
muerdo cromosomas sexuales&lt;br /&gt;
con la insurrección que provoca&lt;br /&gt;
la ficción existiendo en la realidad,&lt;br /&gt;
llenar estas lagrimas con algo más , que la sal&lt;br /&gt;
así es la manera que encontré para plasmar&lt;br /&gt;
en documentos toda la desesperanza&lt;br /&gt;
por abrir otra vez mis ojos;&lt;br /&gt;
este tétrico sudor, excesivamente frió&lt;br /&gt;
cada gota de liquido como solvente a la saliva&lt;br /&gt;
provoca que las silabas se peleen entre si&lt;br /&gt;
con sangre humana que aun recorre estas venas débiles&lt;br /&gt;
todo es percibir el mismo sufrimiento&lt;br /&gt;
de algunas almas enjuiciadas acercándose,&lt;br /&gt;
junto a mi, al final. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Espero q les haya gustado. &lt;A href=&quot;mailto:adathea@briseisl.com&quot;&gt;adathea@briseisl.com&lt;/A&gt;&lt;br /&gt;
&quot;No quieras al prijimo si el no te quiere a ti.&quot;&lt;br /&gt;
&quot;Defiende tu sangre no tu templo.&quot;&lt;br /&gt;
&quot;Se libre y seras suave cuervo negro lijero&quot;&lt;/SPAN&gt;
&lt;/p&gt;

		</content>
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		<author>
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		</author>
		<id>http://briseis.lacoctelera.net/post/2007/05/27/-cae-ocaso-reina-muerte-nace-virtud-la-inocencia-</id>
		<title> cae ocaso reina muerte nace virtud la inocencia </title>
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		<issued>2007-05-27T16:25:19+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T07:55:09+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;DIV style=&quot;TEXT-ALIGN: center&quot;&gt;Cae el ocaso, reina la muerte&lt;br /&gt;
nace la virtud de la inocencia&lt;br /&gt;
controvercia perdida&lt;br /&gt;
tristeza tatuada alma sangrante&lt;br /&gt;
//&lt;br /&gt;
Aparece una estrella ,nace una esperanza&lt;br /&gt;
luz llega a mi rostro como sangre a mi corazon&lt;br /&gt;
alimentando el deseo saseando mis sueños&lt;br /&gt;
señal de luna unapequeña iluminada&lt;br /&gt;
//&lt;br /&gt;
Reina la Luna oscuridad rendida&lt;br /&gt;
soledad teñida tristeza perdida&lt;br /&gt;
campos rojos ya azules&lt;br /&gt;
y mis cicatrices perdidas en belleza&lt;br /&gt;
//&lt;br /&gt;
Las heridas homenaje de la soledad&lt;br /&gt;
mis espinas producto de la tristeza&lt;br /&gt;
soledad mas que ella&lt;br /&gt;
yLuna quien la contempla&lt;br /&gt;
//&lt;br /&gt;
Acojes mis sueños&lt;br /&gt;
consuelas mi delirio&lt;br /&gt;
comprendes mi tristeza&lt;br /&gt;
adornas mi agonia mi dulce Luna&lt;br /&gt;
//&lt;br /&gt;
Llenas de esperanza este camino&lt;br /&gt;
que en sus trechos trampas por monton&lt;br /&gt;
sangre perdida como muestra de la ingratitud&lt;br /&gt;
muestrame una vez mas el camino a la verdad&lt;br /&gt;
//&lt;br /&gt;
Juventud derramada como homenaje a la muerte&lt;br /&gt;
campos de delirios&lt;br /&gt;
escuchados por&lt;br /&gt;
cantos de silencio digna pasion del olvido&lt;br /&gt;
//&lt;br /&gt;
Amor a la Luna mi unico consuelos&lt;br /&gt;
señal de esperanza en mi teñida vida&lt;br /&gt;
alma pura acuan este corazon&lt;br /&gt;
dejame ver tu rostro una vez mas.&lt;/DIV&gt;
&lt;DIV style=&quot;TEXT-ALIGN: center&quot;&gt;
¿La vida recorre en uno o uno recorre en ella? el destino lo hace uno pero no puede escapar de el oposiciones aparentes simple respuesta ..pero lo que nunca comprendo porque los hombres sigen perdidos en vicios y fijen o son inconcientes de sus actos tan solo queda esperara un rayo deLuna que habra los ojos hoyclamo a laLuna un poco de luz a esta oscuridady esta niebla que siega a los demas mejorar el destino complemetar mi motivo ... no deseo ver caer mas esta sociedad suelto mis alas y muestro la verdad dura espina en algunos verdad doliente en muchos.&lt;/DIV&gt;
&lt;p&gt;&lt;!-- google_ad_section_end --&gt;
&lt;DIV&gt;
&lt;HR class=&quot;imgizqda&quot; width=&quot;50%&quot; SIZE=1&gt;Alzo mi mirada en esta hermosa oscuridad creada por los hombres ...la luna me da fuerzas para seguir en este mundo lleno de mentiras ... donde el hombres solo vive para si mismo y no para todos ...donde reina el caos y la muerte ...despierto yo del sueño profundo de mi ira ...destada mi tempestad ... destadas mis alas ...hoy empiezo mi camino en el que llegare a morir. &quot;Briseis&quot;&lt;/DIV&gt;
&lt;/!--&gt;&lt;/p&gt;&lt;/HR&gt;
		</content>
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		<author>
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		</author>
		<id>http://briseis.lacoctelera.net/post/2007/05/08/ahora-me-siento-paz</id>
		<title>ahora me siento en paz</title>
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		<issued>2007-05-08T17:54:01+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T07:50:45+00:00</updated>
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&lt;DIV id=result_box dir=ltr&gt;&lt;FONT color=#339999&gt;Ahora me siento en paz no importa cómo los rasgones me mojaron difícilmente la cara para tener dicha todos a ti las palabras que me sofocaron la garganta E hecha para entenderte que todos mis actos condujeron a una realidad sola: mi amor para ti él hizo I para calmar mi corazón que me siento que un arco fue cortado entre nosotros, pero que existo ya un nuevo enlace, una nueva manera que sabe fuerte más, menos dolorosa yo no necesita describir mis sensaciones tú mi amor, tú era mi sueño más bonito… Hizo I para sentir otra hora a mí puro, porque amándote ahora intento cambiarte del lugar en mi corazón E que sabes que todas las razones que me llevan a esto él no es para la opción, es necesidad necesito vivir sin ti, y no tengo la derecha que hacer sufrirte que sufre… Tú él será siempre mi ángel… Que sé que las subsistencias a mí de lejos E-I serán exactamente siempre su muchacha, pero pra nunca malo tú yo hará el posible de modo que nada que se mueve, que será tenido que al dolor que dona en mí pero que él no sientes el peso en de la distancia… O si está cortado con los cacos que si está tenido hecho mis sueños… Guardo a todas sus palabras con mí todavía que oigo su voz y su sonrisa… Pero a partir de hoy encendido no te soñaré más cariñoso tú felicidad del deseo iguales que mucho que me deseo que dejarnos tienen quién en amors ellos, como un día adentro los amamos E que no necesite más en privarlos de la felicidad para el frieza que trae en la distancia, para la tristeza que trae la nostalgia…&lt;/FONT&gt; &lt;/DIV&gt;
&lt;DIV dir=ltr&gt;
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&lt;p&gt;&lt;!-- esse DIV sempre finaliza o bloco de posts anterior quando muda a data --&gt;
&lt;DIV class=post-bloco&gt;&lt;STRONG&gt;&lt;FONT size=1&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/STRONG&gt;&lt;/DIV&gt;
&lt;p&gt;&lt;!-- / post-simples --&gt;&lt;br /&gt;
&lt;HR&gt;
&lt;H4 class=linha-mesmo-dia&gt;&lt;/H4&gt;
&lt;DIV class=post-simples id=p2005_04-13_19_23_52-100267047-0&gt;
&lt;DIV class=post-texto&gt;&lt;IMG alt=&quot;&quot; hspace=0 src=&quot;http://darkgotica.zip.net/images/goth.jpg&quot; align=baseline border=0&gt;
&lt;/DIV&gt;
&lt;/DIV&gt;
&lt;/DIV&gt;
&lt;/DIV&gt;
&lt;/!--&gt;&lt;/!--&gt;&lt;/!--&gt;&lt;/!--&gt;&lt;/p&gt;&lt;/p&gt;&lt;/HR&gt;
		</content>
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		<author>
			<name>briseis</name>
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		<id>http://briseis.lacoctelera.net/post/2007/05/01/el-tunel</id>
		<title>EL TÚNEL</title>
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		<issued>2007-05-01T20:38:51+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T07:49:41+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;&lt;EM&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/EM&gt;&lt;br /&gt;
&lt;EM&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/EM&gt;&lt;br /&gt;
&lt;EM&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; size=3&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;Supe que no había sido una buena idea entrar en aquel antro en cuanto puse los pies en el umbral y me encontré delante de las oscuras y pesadas cortinas que ocultaban la entrada, arrastrado por mis amigos en una de tantas noches de risas y vino. La Caverna , se llamaba, no sé si por el enésimo homenaje del enésimo fan de los Beatles o, simplemente, para dar una coartada a un mugriento sótano en el que no se había invertido mucho en decoración. El casoes que, abotargado por el abundante trasiego de alcohol de aquella noche y confiado por la presencia de mis amigos, creí que mi miedo yacería anestesiado en algún recoveco de mi atormentada mente, o que la decoración de &quot;La Caverna&quot; sería tan burda que, mas que al miedo, movería a la risa. Así que, intentando olvidar mis terrores pasados, trastabillando y farfullando alguna que otra incoherencia, me autoproclamé abanderado de aquella alegre pandilla de borrachines, aparté con teatral decisión las cortinas y, por inercia, di tres o cuatro pasos por un largo, negro y rocoso túnel, antes de caer de rodillas en el suelo, gritando aterrorizado y tapándome la cara con las manos, con la pesadilla latiendo como un negro corazón enloquecido dentro de mi cabeza. Lejos de darme valor, el alcohol me dejó todavía más inerme y desprotegido, amplificando mi pánico hasta el punto de quedar paralizado en el suelo. Grité todavía más fuerte cuando sentí que unas manos me agarraban por los brazos y me arrastraban por el suelo, hasta que sentí el roce de la cortina de la entrada en mi cara y comprendí que alguien me estaba sacando a rastras del local, sentándome en un banco de la calle e intentando calmarme al mismo tiempo. Podía oir dentro del local las beodas risotadas de mis amigos, riendo ignorantes mi presunta broma. Cuando por fin pude calmarme, quité las manos de delante de mi cara y me encontré frente a frente a Rafa, mi viejo, fiable, juicioso y responsable amigo., a quien mi ataque de pánico acababa de arrancar de golpe de la grata compañía de Baco, haciéndole compartir conmigo un brusco y desagradable viaje hacia la sobriedad. Me miraba fijamente a los ojos, en su cara la vieja máscara mezcla de perplejidad y preocupación que yo tan bien conocía, quizás por ser la persona que más la provocaba.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;-¿Estás mejor, socio?. Quizás deberías dejar de intentar secar La Rioja tú solo. ¿Quieres que llame a un taxi?.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;Conseguí dominar paulatinamente mis estremecimientos y temblores y miré fijamente a Rafa. Nuestra amistad se remontaba a la época en la que nuestros traseros compartían pupitre en el colegio, y había permanecido intacta a lo largo de más de veinte años consiguiendo unir regularmente a dos tipos que habían seguido caminos radicalmente distintos en la vida. Muchas veces me había parado a pensar en los motivos que mantenían nuestra amistad. Éramos como un racimo del cual se desprendían más y más amigos, de esos que luego te encontrabas por la calle e intentaban evitarte, o como mucho musitaban un inaudible y vergonzoso saludo, azorados ante un encuentro tan fortuito como poco deseado. Pero Rafa y yo seguíamos viéndonos. Supongo que yo, inconscientemente, anhelaba un poco de la estabilidad que presidía la vida de mi amigo, un tipo tan feliz, tan centrado y con las ideas tan claras que, con franqueza, a veces me daban ganas de abofetearlo sin piedad y sacarle el secreto de su asquerosa felicidad a golpes. Pienso que Rafa, por su parte, veía en mí la inconsciencia y la total inmadurez de sus dieciséis años conservada incólume en su amigo de treinta y cuatro, y de vez en cuando se pegaba el gustazo de correrse una juerga como la de hacía años, acompañando al viejo Toni en la habitual ruta de antros infames y lupanares varios que eran el centro de mi existencia. Creo sinceramente que esas noches de presunta diversión le servían para comprobar lo penoso de mi existencia de perdedor voluntario e (in)consciente. Así podía dejarme en mi casa por las mañanas en un estado semicomatoso, balbuceando incoherencias frente a las viejas fotos de alguna buena chica que había tenido la momentánea desgracia de cruzarse en mi camino y a la cual yo había fallado estrepitosamente, y largarse a buscar los brazos de su mujer, con una dosis de juerga que le duraría para un par de meses. El caso es que ahora lo tenía delante de mí, y en ese momento supe que tenía que contárselo. Me daba igual que pensara que mi mente había largado amarras definitivamente hacia el mundo de la locura. Me importaba un bledo que no me creyera, que no me tomara en serio, que me recordara por enésima vez que llevaba demasiado tiempo jugando con mi estabilidad mental. La idea se me fijó en la cabeza mientras oía nuevamente a mi preocupado amigo.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;-¡Reacciona, joder, que me estás asustando!.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;Lancé un hondo suspiro, moví las manos para tranquilizarlo y me sorprendí a mi mismo abriendo la boca y articulando un discurso pausado, tranquilo y suave, en el que se mezclaban el anhelo de que Rafa me creyera y la tranquilidad que me producía sacar a pasear durante unos instantes al engendro que me martirizaba. Sólo cuando miraba la entrada de &quot;La Caverna&quot; un estremecimiento me volvía a recorrer la espalda. Vomité mi historia ante la única persona de las que me conocían que podría creerme, cientos de nubecillas de vaho saliendo de mi boca en aquella noche surcada por un frío cortante y estremecedor...&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;&quot;Rafa, te voy a contar algo que me está corroyendo el alma desde hace unos meses, y esta vez no tiene nada que ver con las mujeres ni con la bebida –con esta última afirmación capté definitivamente el interés de Rafa, al que suponía pacientemente predispuesto a otra sesión de confesiones sentimentales a cargo de su desequilibrado amigo-.Estos últimos meses he estado más ilocalizable que de costumbre. Cuando rompí con Paula me quedé bastante hecho polvo,no quise saber nada de nadie que me recordara esa historia, ni siquiera de ti –mi amigo se encogió de hombros, haciéndose cargo de la situación, como siempre- Encontré trabajo en una librería del centro de la ciudad, algo sin complicaciones, simplemente para pagar el alquiler y las dosis de euforia pasajera a cargo de esa simpática agrupación de duques, condes y marqueses con denominación de origen que tan gratos me son. Como puedes suponer, por mi brillantísimo currículo académico y mis numerosos doctorados –Rafa sonrió ante mi ironía- fui a parar de cabeza al almacén de la tienda como principal y único responsable del Departamento de Movimiento Masivo de Enormes Cajas de Libros, que tenía a su cargo varios departamentos más, todos relacionados con tareas eminentemente físicas, y que también me tenían a mí como único responsable. El almacén estaba situado dos pisos por debajo del nivel de la calle y era enorme, una gran nave de la cual partían dos anchos pasillos que daban acceso a los vestuarios y la sala de máquinas, por un lado, y a los despachos y oficinas por el otro. Yo trabajaba en la nave grande, rodeado por cientos y cientos de libros, que si bien al principio habían llamado poderosamente mi atención –ya sabes lo mucho que me gusta leer- había acabado por ignorar, o intentar ignorar, ya que rara era la semana que no compraba dos o tres, y mi exiguo sueldo se resentía considerablemente. Mi horario comenzaba a las dos de la tarde y finalizaba a las diez de la noche, cuando se cerraba la tienda, un horario que me permitía entregarme a mis pequeñas dosis de autodestrucción nocturna y recuperarme razonablemente por las mañanas para llegar de nuevo al trabajo en un estado más o menos presentable. El personal de oficinas se iba a las siete de la tarde, y durante esas tres horas yo era la única persona que trabajaba en aquella inmensa nave, trajinando con cajas y libros, y sintiendo siempre el continuo zumbido del aire acondicionado en mis oídos. Sólo de tarde en tarde bajaba algún empleado de la tienda a buscar algún libro, o simplemente a charlar un rato conmigo, más por escapar de la pesadez de los clientes que por la enjundia de mi conversación, pero la mayor parte del tiempo trabajaba solo, un trabajo monótono que normalmente me permitía aislarme de lo que sucedía tras la puerta de acero del almacén, trabajando de una forma mecánica y monocorde, fumando y, en ocasiones, bebiendo el cava barato que se servía en las presentaciones de los libros y que algún inconsciente había dejado bajo mi responsabilidad, aunque el sabor de aquel brebaje tampoco me predisponía a grandes alegrías etílicas. El caso es que en aquella tienda había encontrado cierto orden frágil e inestable dentro de la caótica vorágine en que se había convertido mi existencia.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;Como ya te he dicho, de tanto en tanto bajaba al almacén algún empleado de la tienda, por motivos no siempre relacionados con el trabajo. De entre todos, a quien más solía ver por mis dominios subterráneos era a J., cuyas amplísimas y no muy bien delimitadas funciones en la tienda le permitían moverse por la misma a sus anchas sin tener que dar demasiadas explicaciones de sus movimientos.. Entre los dos había nacido casi instantáneamente una fuerte corriente de simpatía, y era una de las pocas personas que lograba arrancarme una sonrisa incluso en mis peores días. Aquel tipo había nacido prácticamente en la tienda, y conocía al dedillo todos sus recovecos. Supe de la existencia del túnel un día que, entre los dos, movimos unas enormes pilas de cajas amontonadas en un cuartito situado en una esquina del almacén, justamente en la parte opuesta a las oficinas y a la salida hacia la tienda. El caso es que, al mover las cajas, donde yo esperaba ver la pared del cuartito apareció un tramo de escaleras que descendía un par de metros hacia un pequeño rellano, a la derecha del cual se abría la entrada a un túnel excavado en la tierra cuyo final yo no acertaba a distinguir. De la entrada del túnel surgía un desagradable olor a fango corrompido, a aire viciado, a lobreguez. J. me miró, sin duda divertido ante mi sorpresa y perplejidad, soltándome a bocajarro un detallado y farragoso muestrario de todas las explicaciones humorísticas que había imaginado para justificar la construcción de aquel extraño túnel, antes de concluir que no tenía ni idea de las causas que habían motivado su excavación. Sólo acertó a explicarme que el túnel corría paralelo a la pared del fondo del almacén, bajo la calle, acabando en otras escaleras similares a las que habíamos dejado al descubierto y que finalizaban en una pequeña puerta también cegada por cajas de libros y paquetes de bolsas de plástico. Según él, a unos diez metros se abría hacia la izquierda otro pequeño túnel, perpendicular al primero y de unos dos metros de longitud, sin salida, como si su excavación se hubiese interrumpido abruptamente. Siempre había sentido cierta aprensión hacia las cuevas, por pequeñas que fuesen, naturales o artificiales, pero en aquella ocasión pudo más mi curiosidad, y di un par de pasos dentro de la oquedad, cubierta por una espesa capa de telarañas. El olor a limo pútrido era allí más intenso. El pasadizo era estrecho, un túnel artificial sin ningún tipo de instalación eléctrica, ni cable, ni respiradero, nada que justificase las molestias de perforarlo. Sólo una larga, húmeda, sucia y estrecha cueva artificial que contrastaba poderosamente con el enorme y aséptico almacén del cual sólo la separaba una pared. Me sobrecogió la sensación de extrema soledad y desamparo que experimenté en el umbral de aquel túnel, y recuerdo que pensé que podría enloquecer si alguien me encerrara allí dentro, aunque sólo fuese durante unos minutos. Giré la cabeza y observé a J., mi compañero, que observaba la entrada con la misma expresión de indefinible temor que estaba seguro se reflejaba en mi rostro. Antes de girarnos los dos hacia los escalones y volver en silencio hacia el almacén, me fijé en un detalle que, en aquel momento, sólo catalogué como un dato curioso, un detalle que ahora me llena de pavor y horror. Las paredes de la cueva, por lo menos hasta donde yo alcanzaba a verlas, estaban ennegrecidas, como si alguien hubiera encendido un gran fuego dentro del túnel, cosa que en aquel momento me pareció tan sin sentido como la construcción del mismo.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;Yo hubiera vuelto a cegar la entrada a la cueva inmediatamente con decenas, cientos de cajas y bolsas, y estoy completamente seguro de que J. hubiera secundado con entusiasmo mi idea, pero nuestro jefe quería inventariar las bolsas y tuvimos que dejar libre acceso al pútrido túnel. Sería cosa de un par de días, y me resigné, añadiendo el malestar y la desazón que aquella situación me producía a tantas otras sensaciones negativas que por aquel entonces campaban a sus anchas por mi mente.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;Todo ocurrió el día siguiente. Yo siempre había pensado que ese tipo de cosas necesitan su tiempo, generar una serie de indicios, provocar una situación de desazón paulatina en la víctima, hacerle dudar de sus sentidos hasta conducirlo hacia una traca final de horror y espanto. Pero estaba equivocado. Eso sucedió de repente, sin previo aviso. Y yo no era ninguna víctima. Simplemente, estaba una vez más en el lugar y momento equivocados.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;Ese día amaneció lluvioso, no con la lluvia fuerte, espesa y fresca que limpia y deja olor a tierra mojada incluso en el negro y sucio corazón de una gran ciudad. Unas negruzcas nubes destilaban una fina y caliente llovizna que dejaba una película oleaginosa y resbaladiza en las aceras de la ciudad y una pátina de mal humor en las almas de los viandantes. Entré en el almacén a las dosde la tarde, chafado por el terrible bochorno de un mes de julio y con la ropa pegada al cuerpo como una caliente funda de tela. El aire acondicionado no funcionaba, y la ausencia de su zumbido contribuía a hacer del almacén un sitio ominoso y tétrico, como una gigantesca tumba cuyo silencio absoluto sólo era roto por el ruido del agua al circular por las cañerías del techo. Veía en la esquina del almacén la puerta del cuartito, y un escalofrío recorría mi espalda al imaginar los cuatro peldaños que descendían hacia la boca del túnel, con sus paredes renegridas y calcinadas. Comencé a trabajar compulsivamente, pensando que el trajín me distraería de mis temores, pero no podía dejar de pensar en la negra herida que corría tras la pared del almacén, solamente a un par de metros de donde yo tenía mi mesa. La mitad del personal de la tienda estaba de vacaciones, y los que quedaban estaban demasiado atareados o demasiado agotados como para bajar a charlar conmigo. Incluso J. tenía fiesta aquel día, por lo cual tenía el almacén para mí solo, precisamente el día que menos deseaba la soledad. A eso de las nueve de la noche subí las dos plantas de la tienda para tirar unos cartones en el contenedor de la calle. La pegajosa llovizna de la tarde había derivado en una furiosa tormenta. Un cielo negro y encapotado vomitaba furiosamente espesas cortinas de agua, y a cortos intervalos de tiempo trallazos de electricidad preludiaban el estampido colérico de unos truenos potentes como no recordaba hace tiempo. Recuerdo que pensé que aquella tormenta era lo más parecido a un bombardeo nocturno sobre la ciudad, y estuve haciendo cábalas durante unos instantes sobre el sitio donde me escondería si de repente comenzaran a caer bombas cerca. Ahora, aquellos pensamientos me parecen extrañamente premonitorios.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;Bajé al almacén a eso de las nueve y cuarto de la noche, cruzando una tienda semivacía, sólo ocupada por dos o tres empleados contratados para suplir al personal de vacaciones. Desde mi puesto de trabajo me llegaba el sonido de los estampidos de los truenos, amortiguados por los dos pisos que había por encima del almacén. Más o menos a las nueve y media, cuando sólo me quedaba media hora para largarme, comenzó el apagón. Una oscuridad total se adueñó del almacén. Solamente brillaba muy débilmente una luz de emergencia situada sobre la entrada al cuartito de la cueva, con una fosforescencia lechosa que la dotaba de una atmósfera lóbrega e irreal, que sólo permitía distinguir muy vagamente los contornos de las cajas que estaban a su alrededor.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;Por aquellas fechas, estaba intentando dejar de fumar, por el científico método de esconder mechero y cigarrillos en lugares extraños, con la intención de no encontrarlos cuando las ganas de fumar se hicieran muy intensas. Normalmente siempre los encontraba, era para lo único que tenía algo de memoria, por lo que seguía fumando como siempre. Pero en aquella ocasión no hubo manera. Busqué en mis cubetas como un loco, intentando localizar mi mechero para acceder a la puerta del almacén sin tropezar ni golpearme con nada, los nervios a flor de piel, intentando no mirar hacia la espectral entrada del cuarto, preso de un progresivo pánico que se enseñoreaba de los territorios de mi mente donde se suponía tenía que reinar la lógica y la serenidad. Fue mientras buscaba frenéticamente el mechero cuando aquel horrible olor inundó el almacén, dejándome clavado en el sitio. Olía a quemado, pero en ningún momento pensé en un cortocircuito o en un incendio. Ojalá hubiera sido eso. El olor que me hacía temblar y respirar rápida y entrecortadamente era olor a carne quemada. Sólo podía pensar en gente ardiendo, incendios en discotecas, los cuerpos calcinados y horriblemente retorcidos de los cadáveres de aquel camping arrasado por una gigantesca nube de gas abrasador, herejes en la hoguera gritando enloquecidos de dolor, madres con sus hijos saltando envueltos en llamas desde pisos ardiendo. Un humo espeso, ocre, químico, invadió el almacén, y de pronto una extraña y vívida luz comenzó a salir del cuartito del túnel. Era una luz cambiante, como proyectada por una inmensa hoguera que alguien hubiera encendido dentro del túnel, una luz que se deslizaba entre el humo creando una niebla fosforescente y espectral, que difuminaba los objetos, permitiendo apenas entrever sus formas. Fue entonces cuando las cosas comenzaron a salir del cuarto, apenas entrevistas entre la espesa humareda, pequeñas, negras, horribles parodias de diminuto cuerpo humano de miembros retorcidos y humeantes. Ni siquiera noté el caliente flujo de orina deslizarse por mis piernas. No podía apartar la vista de aquellas horribles cosas que avanzaban hacia mí, apartando penosamente las cajas con aquellos sarmentosos dedos calcinados. En lo que era, o había sido la cabeza brillaban dos ascuas incandescentes inyectadas en sangre, y una horrible abertura sanguinolenta dejaba escapar gemidos semejantes a los de un agonizante presa de espantosos dolores. Conseguí retroceder un par de metros antes de volver a quedar paralizado de terror. Aquellas cosas estaban frente a mí. Noté docenas de puntos rojos fijados en mí, los enloquecedores gemidos de aquellas criaturas llenaban el almacén de una sinfonía de dolor y locura. Pensé que iban a atacarme, a despedazarme, a arrastrarme con ellos a la cueva, a algún pozo que comunicaba directamente con el infierno, pero entonces comenzaron a cogerse de la mano, entrelazando penosamente aquellos dedos deformados y retorcidos, alineándose, formando en pocos segundos tres o cuatro organizadas filas, como una horripilante remedo de una compañía militar preparada para pasar revista o para desfilar, o como...¡¡Dios, de pronto lo comprendí!!. Grité y grité frente a aquellas desdichadas criaturas, enloquecido por la verdad que se abría paso en mi mente, y los gritos me dieron la fuerza suficiente para salir corriendo de aquel maldito lugar, golpeándome contra cajas, columnas, qué se yo. Abrí como pude la puerta del almacén y avancé entre el viscoso humo que llenaba la tienda. Avanzaba por la tienda desierta y los libros y las estanterías comenzaban a arder a mi paso, pero yo sabía que ni aquel humo me asfixiaría ni aquellas llamas me quemarían. Sería algo más sutil lo que me ahogaría y quemaría hasta el fin de mis días. Por fin, la mano enguantada de un bombero me sujetó por el hombro y me arrastró hacia la calle, donde mis asustados compañeros observaban el súbito, inexplicable y voraz incendio que estaba arrasando la tienda hasta los cimientos. En esas circunstancias, mi estado de nervios pasó completamente desapercibido. Creo que fuiel único que vio, mientras me arrastraban hacia la ambulancia, a aquel grupo de cosas negras intentar avanzar entre las llamas hacia la salida, desorientados en un sitio que ya no les era familiar&quot;.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;Apenas había podido musitar las últimas palabras, sobrecogido por sollozos entrecortados. Rafa me miró, callado, observando los regueros de lágrimas que se deslizaban por mi cara, hasta que conseguí calmarme.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;-Eso es todo. Como te he dicho antes, finge que me crees, aunque pienses que estoy loco. Ayúdame a soportar este espanto.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;-Te creo, amigo – si era una actuación, era bastante buena-, por lo menos creo la mayor parte de lo que me dices. Pero hay una cosa....&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;Sí, ya sé a qué te refieres. Pensé que no me lo preguntarías, de hecho me hubiera gustado que no lo hicieras, pero veo que tu curiosidad es más grande que tu horror. A mí me pasó lo mismo. Aunque ya sospechaba el porqué del extraño comportamiento de aquellas criaturas, quise saber más. He estado investigando un poco por mi cuenta, buscando la confirmación a mis sospechas. Ojalá no lo hubiera hecho. Ese edificio no ha sido siempre una librería, ni siquiera una tienda. Hace unos cincuenta años también había libros, sí, pero eran los que estudiaban los niños de la escuela Mossén Jacint Verdaguer –el rostro de mi amigo palideció intensamente, intuyendo la terrible verdad-. He visto la foto en viejos periódicos de la época, durante la Guerra Civil española, y he hablado con un par de maestros que, para su desgracia, han sobrevivido a aquel espantoso acontecimiento. Fue un hecho acallado, como tantos otros, por las fuerzas de ocupación nacionales. La mayor parte de los niños que asistían al colegio Jacint Verdaguer eran hijos de dirigentes republicanos. Cuando las tropas nacionales entraron en Barcelona, unos cuarenta niños permanecían en el colegio; sus padres, que no habían podido huir a tiempo, temían represalias por parte de los vencedores, y querían mantener a sus hijos alejados de ellos durante un tiempo. Fue un inmenso error. Un cuerpo de requetés borrachos de aguardiente y victoria entró en el colegio y lo arrasaron a sangre y fuego. Machacaron a golpes a los profesores y los obligaron a bajar al sótano, justo donde se encontraba el almacén de la tienda. Uno de ellos llevaba un lanzallamas –en los ojos de mi amigo se reflejaba un espanto sin límites-. . Los profesores les suplicaron que dejaran marchar a los niños, arracimados muertos de miedo en un refugio antiaéreo excavado a toda prisa durante el último mes, pero ellos iban demasiado borrachos, eran demasiado fanáticos, y se burlaron de ellos, escupiendo proclamas fascistas y gritando que iban a acabar con toda la prole roja sobre la faz de la tierra. El soldado del lanzallamas estuvo media hora vomitando fuego dentro de aquel túnel. El maestro que me lo explicó lloraba al contármelo. Me dijo que los gritos de aquellos niños no le habían permitido una noche de paz en cincuenta años, y el pobre hombre no sabía que estaba describiendo también mi futuro. Supongo que ya sabrás qué eran esas cosas calcinadas que salieron de su refugio y se alinearon frente a mí en el almacén, en filas, como hacían siempre, creyendo que por fin un profesor había venido a sacarlos de allí.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;IMG height=323 src=&quot;http://garotamorta.weblogger.com.br/img/mar.jpg&quot; width=500&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/FONT&gt;&lt;/EM&gt;
&lt;/p&gt;
&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;
		</content>
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		<author>
			<name>briseis</name>
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		<title>ALGUIEN SURCA EL AIRE</title>
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		<issued>2007-05-01T20:30:07+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T07:49:41+00:00</updated>
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&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;Es noche de otoño en la ciudad. La niebla espesa se extiende por las calles. El viento helado sopla de manera espectral. Afuera agazapados por la oscuridad, cientos de pequeños ojos brillan con su maligna fluorescencia. Es la época del cielo gris; sin estrellas. Algo perverso se respira en el aire. El viento continúa soplando, y una ráfaga violenta golpea el tejado de una vieja morada, en donde un niño tiembla, víctima de alguna horrenda premonición.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;La casa es siniestra y antigua. Las maderas crujen por la gélida temperatura. La vegetación que le rodea está muerta. El hedor a musgo y abandono inundan el ambiente. El pequeño está en su habitación, de vez en cuando, un escalofrío recorre su espalda. El temblor aumenta, no es el frío lo que lo provoca, son muchas cosas: El otoño, la soledad; Un leve golpeteo en el vidrio; o tal vez el horror.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;El pequeño se encuentra en absoluta soledad, por primera vez en otoño. Su atormentada mente intenta buscar consuelo en el pasado, y es entonces cuando un rostro aparece en su memoria: El rostro de abuela que se ha marchado para siempre.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;La soledad congela al niño, extraña la compañía de su ancestral amiga. Anhela el calor de su voz mientras contaba cuentos de un viejo mundo. Epopeyas de una raza insolente, que inducían al pequeño al confortable sueño. El niño se siente solo, a pesar de que su madre vive junto a él. Extraña la protección de su antecesora, sus ojos grises, su larga cabellera nevada. Siente miedo a perderse en el océano desconocido de la desolación, y pronto su mente lo lleva al pasado, a un momento que de alguna forma se grabó en su memoria.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;Antes que Abuela muriera, habían hechos aislados que preveían su deceso. El otoño la había dejado sepultada en su lecho hasta el fin de sus días, la mente de ella no era la misma, divagaba; se perdía en el pasado, confundía nombres y a veces se irritaba demasiado.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;Él debía haberlo previsto. Algo ya anunciaba la llegada de la muerte:&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;Una imagen de La Virgen partida a la mitad. Su voz cálida se hacía áspera y gutural, ella recitando extrañas letanías en un lenguaje desconocido para todos en la casa. Rezos y más rezos. &lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;—Ella rezaba por su alma —piensa el pequeño aterrado.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;Entonces el niño se dedica a acompañarla en sus últimas horas, a veces siente que ella no es la misma desde la llegada de la enfermedad. Pasa tardes enteras contemplando su rostro, intentando descubrir al nuevo ser en que abuela se ha convertido...&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot;&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;EM&gt;&lt;FONT color=#339999&gt;Al fin un quejido progresivamente agudo, una última palabra en ese idioma desconocido, un leve tinte morado en sus resquebrajados labios, y la sensación de algo que abandonaba el cuerpo. Unos minutos más de observación, el tacto. El frío penetra en su cuerpo, es él quién debe avisar a su madre: Abuela ha muerto.&lt;/FONT&gt;&lt;/EM&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/FONT&gt;&lt;/FONT&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;—Es otoño, y es en esta época en donde regresan Ellos —Eso decía su abuela ,y ahora el pequeño sentía que aquella sentencia se repetía una y otra vez en su cabeza. Todo era incierto; ¿Porqué sentía tanto miedo? ¿Existía algo que él había hecho? El fantasma ignoto de una culpa golpeteaba las sienes del niño, mas no podía encontrar una respuesta en sus recuerdos.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;Una ráfaga vuelve a golpear el empañado vidrio de la ventana. Un chotacabras canta en el umbral de su hogar: &quot;Pronto vendrán ellos&quot; piensa el niño, &quot;el pájaro anuncia cuando andan cerca&quot;. &lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;Él observa su reloj-pulsera: Medianoche, la hora de los espantos y los espectros. Se mete en su cama y vuelve a temblar. Una energía helada y fantasmagórica intenta meterse en su pecho. El pequeño grita, pero en su casa todos se han dormido. Entonces enciende la lámpara, dormirá con la luz encendida, tal vez mañana se sentirá mejor. Pero sabe que eso no es cierto.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;Su mente regresa al pasado, una y otra vez intenta recordar algo que hacía penetrar la culpa en su alma: Una expedición a un rincón prohibido de su hogar, un viejo cuarto repleto de ratas y olvido. Un cofre marrón que esconde secretos. El niño aprende, comprende, y siente temor... &lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;Hay alguien de su familia sepultado bajo la iglesia de su pueblo, alguien que conocía demasiado acerca de la naturaleza; alguien que vagaba por las noches en las praderas yermas y desoladas. Su antepasado. &lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;Una temible verdad comenzaba a ser revelada en la mente del pequeño:&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot;&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;EM&gt;&lt;FONT color=#339999&gt;—Cuando llegue el día serás llamado por Ellos.&lt;/FONT&gt;&lt;/EM&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/FONT&gt;&lt;/FONT&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;—Abuela no rezaba por su alma, ella rezaba por mí— dice el pequeño en voz baja, a la vez que lentamente abandonaba la esperanza.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;El niño recordó un extraño sueño, donde emprendía el vuelo sobre los oscuros tejados de su tierra natal.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;Su memoria recordó hechos que lo condenaban, aberrantes acciones que él había cometido; pequeños juegos que se transformaron en error:&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;Una niña que lloraba amarrada a un viejo roble. Un pacto de sangre. Pequeñas criaturas de Dios, muertas sin sentido. Una simpatía bizarra por ciertos lugares que nadie se atreve a frecuentar. &lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot;&gt;&lt;FONT size=3&gt;&lt;EM&gt;&lt;FONT color=#339999&gt;Sus cavilaciones pronto fueron interrumpidas por un viento salvaje que sacudió los cimientos de su hogar. El niño cerró los ojos, y completamente aterrado se abandonó ante los designios de la noche: —Ellos han llegado...&lt;/FONT&gt;&lt;/EM&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/FONT&gt;&lt;/FONT&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;Es un sueño macabro: El niño surca el aire, volando sobre los tejados de las casas de la ciudad. A su lado: Bultos negros sin forma acompañaban su tránsito.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;Abajo: Cientos de hogueras, y cuerpos danzando en éxtasis abandonando su antigua forma. Más allá: Una figura monstruosa, demasiado semejante a él ríe saltando sobre las llamas ardientes.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;br /&gt;
&lt;EM&gt;&lt;FONT color=#339999&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; size=3&gt;—Ha sido un sueño extraño— piensa el pequeño. Despierta y el sol ya está en el oriente, en su hogar todo yace en silencio. Ha sido una larga noche y el terror ha desaparecido. Esa tarde busca la soledad y la encuentra en un rincón prohibido de su hogar. Hay algo que ha cambiado: Una mancha de líquido en el suelo, un papel y una nota extraña: &lt;/FONT&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; size=3&gt;He fallado&lt;/FONT&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/EM&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;han regresado&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;Alguien surca el aire&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;Dios ha muerto.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;¡Mamá! Gritó el pequeño... volvió a repetir la operación, pero no hubo respuesta. Los ojos del niño dieron una frenética ojeada a todo el cuarto. Había algo que colgaba del techo; él no deseaba mirarlo... lentamente comenzó a atar cabos sueltos. ¿Qué había sucedido la noche anterior?, sólo tenía imágenes desnudas, incoherentes, cientos de palabras extrañas en una lengua que no comprendía.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;Alguien entró en la habitación, era un hombre viejo con un rostro firme, casi autoritario, pero si el niño no lo conocía: ¿ Porqué no se sintió perturbado por aquel intruso?. . . ¿Es que de alguna forma sabía a qué había venido?&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;El niño volvió a mirar aquello que colgaba de la habitación. Esta vez miró con detenimiento: Primero observó unos pies flotando en el aire, luego subió la vista hasta las piernas que se agitaban pausadamente de un lado a otro, desde las piernas hacía el suelo goteaba un líquido fétido. Inmediatamente lo asimiló con la orina. No necesitaba ver el rostro de la mujer que se mecía en el techo... Comenzaba a comprenderlo: Su madre se había ahorcado.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;No hubo llanto alguno en el niño. Al ver el rostro del extranjero que penetraba en la estancia, comprendió: Estaba en su sangre. El extraño hombre de los ojos vacíos y oscuros, le tendió su huesuda mano:—Es tiempo de marcharnos— le dijo con una voz cavernosa y familiar.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;Esa noche de muerte regresó al lugar de sus sueños. Remontó el vuelo por sobre los tejados de su pueblo natal, alguien estaba a su lado, sus pupilas negras se clavaron en los ojos del niño, mientras una horrible carcajada cabalgó en el viento. El pequeño no sentía miedo, pronto sería como él.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;En ciertas noches de luna menguante, cuando un viento helado comienza a mutilar la vegetación, los tejados de los hogares crujen y los vidrios tiemblan.&lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;P align=justify&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; color=#339999 size=3&gt;&lt;EM&gt;Un niño pequeño siente dedos que se deslizan por su ventanas, la voz del viento lo llama por su nombre. Siempre es así, nadie puede hacer nada. Cientos de madres condenadas deben entregar sus ofrendas para aplacar la ira de aquel demonio que surca el aire. &lt;/EM&gt;&lt;/FONT&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;FONT color=#339999&gt;&lt;IMG height=382 src=&quot;http://blogdenise.weblogger.com.br/img/obscury.jpg&quot; width=500&gt;&lt;/FONT&gt;
&lt;/p&gt;
&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;&lt;/P&gt;
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		<title>EL SABOR DEL PRÓJIMO </title>
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		<issued>2007-05-01T20:28:25+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T07:49:41+00:00</updated>
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&lt;p&gt;&lt;FONT color=#339999&gt;&lt;EM&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; size=3&gt;Comenzó arrancándose con los dientes un pellejo de su pulgar derecho, y después de un tiempo, ya tenía el cuerpo de un niño en el congelador.&lt;br /&gt;
Le gustaba desangrarlos antes de comer el cuerpo; los colgaba de los tobillos, aún vivos, como a las reses en un gancho de carnicería; con los antebrazos abiertos en canal, hasta que la bomba cardiaca se detenía. No importaba la edad o el sexo.&lt;br /&gt;
Salir de caza no era algo cotidiano, un adulto podía durar en el refrigerador hasta un mes antes de ponerse demasiado tieso e insípido; luego salía a la calle y elegía a otra víctima, la estudiaba. El único requisito era estar sano y rechoncho. Cuando el ataque era seguro, no había forma de escapar, la cacería era fulminante.&lt;br /&gt;
Había conseguido una pistola de aire, de las que usan en los rastros para sacrificar marranos; en la televisión dijeron que el estrés liberaba toxinas en los músculos al momento de la muerte, y eso afectaba el sabor.&lt;br /&gt;
Seguía al elegido, tras encontrar el lugar y momento indicados, ella saltaba desde la oscuridad, y dejaba escupir, a la pistola de aire, un perdigón de acero que se incrustaba en el cráneo, entre ceja, ceja y media madre, causando una muerte segura. En un principio, necesitó de dos o tres disparos, pero la practica la amaestró.&lt;br /&gt;
Una noche abrió la nevera y sólo halló una carcasa descarnada; lo único de peso dentro de ella era el hígado, un pedazo de víscera apelmazado.&lt;br /&gt;
—Todo menos hígado —, dijo, como reclamándole al refrigerador.&lt;br /&gt;
Salió a la calle, y entró en el torrente de las arterias de la ciudad. Esta vez no habría tiempo para prolongar el acecho, así que sólo buscó guiada por el instinto.&lt;br /&gt;
Entró a un bar dispuesta a enganchar a cualquier viejo rabo ver-de; no pasó mucho tiempo para que un hombre se acercara a ella. Era un cincuentón no muy atractivo, pero estaría bien.&lt;br /&gt;
Lo sedujo y lo llevó hasta la cama de su improvisada carnicería. En un momento de descuido, le ensartó un pedazo de metal en la frente. Siguió con la rutina de preparar el cuerpo, sólo que al abrir los antebrazos, no escurrió ni una gota de sangre.&lt;br /&gt;
Extrañada, sacudió con violencia el cuerpo. Nada. Ya molesta, tomó un machete y empezó a golpear en cuerpo, produciéndole incompletos tasajos.&lt;br /&gt;
En el momento en que estaba apunto de sesgar la cabeza, unas manos heridas detuvieron el vuelo del metal. Los ojos del cuerpo se abrieron y ella entendió instantáneamente el significado de la frase “quedarse congelada”, cuando miró con las imágenes de quien está a punto de perder la razón, al hombre herido descolgándose, figura furtiva que se transformaba, se convertía en otra cosa con cada movimiento.&lt;br /&gt;
Cuando la imagen de un roedor antropomorfo, pálido y con poco pelo apareció ante sus ojos, ella supo que no habría nada más. Ni siquiera intentó gritar. Era imposible, pero aquel ser lacerado, aquella bestia semihumana y desnuda la golpeó, dejándola atarantada.&lt;br /&gt;
La creatura sujetó el machete y cortó un trozo de su propia carne.&lt;br /&gt;
Con las garras, abrió la boca ensangrentada de la mujer, y metió el trozo de piel y músculo hasta donde alcanzaron sus dedos. La obligó a tragar.&lt;br /&gt;
Luego de una muerte violentada por fuertes convulsiones, la mujer despertó. Lo primero que vio fue a aquel hombre maduro cazado en el bar, intacto, sin una sola herida, que le dijo:&lt;br /&gt;
—Vamos, mujer, que ahora yo te enseñaré a cazar como se debe...&lt;/FONT&gt;&lt;/EM&gt;&lt;br /&gt;
&lt;IMG height=384 src=&quot;http://garotamorta.weblogger.com.br/img/garota08.jpg&quot; width=319&gt;&lt;/FONT&gt;
&lt;/p&gt;

		</content>
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		<author>
			<name>briseis</name>
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		<id>http://briseis.lacoctelera.net/post/2007/05/01/merlina-y-diablito</id>
		<title>MERLINA Y EL DIABLITO </title>
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		<issued>2007-05-01T20:23:58+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T07:49:41+00:00</updated>
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&lt;p&gt;&lt;FONT color=#339999&gt;&lt;EM&gt;&lt;FONT face=&quot;Times New Roman&quot; size=3&gt;El aire se corrompía conforme se acercaban.&lt;br /&gt;
Ella lo guiaba lentamente por callejones formados con cajas de madera delgada, rastros de verduras amargas desechaban sus vapores sobre el suelo. Y la mugre que se adhería a sus botas eran vestigios de extrañas sensaciones humanas, lágrimas y sudores que delataban la condición humana.&lt;br /&gt;
El viento en contra hizo que la esencia acaramelada de la sangre de Merlina lo enloqueciera, olvidando el entorno. Pensó en su nariz pecosa, en sus ojos avellanados, la figura delgadísima de muñeca que lo tomaba de la mano para guiarle por aquel laberinto.&lt;br /&gt;
Se llamaba Luz, pero él prefería llamarla Merlina. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La había encontrado en una lavandería, con esa mirada que delataba una inteligencia por encima del promedio, pero sobretodo, un ansia por salirse, por dejarse llevar.&lt;br /&gt;
«¿Se te ofrece algo?», aquella vocecita lo había embrujado.&lt;br /&gt;
Al aparecerse ella sobre el mostrador Sariel pensó en un delicioso acto de guiñol, de esos que no veía en mucho tiempo. A sus siete años Merlina era un santuario incorruptible en medio del caos de la ciudad, quizás el último trazo de inocencia que era lo que orillaba a Sariel a protegerla, y a dejarla ser.&lt;br /&gt;
No la había raptado, ella misma sabía que tenía que abandonar su hogar en aquel momento. Un par de juguetes, cepillo de dientes y un oso de peluche mugroso que asomaba por la mochila que colgaba de su espalda, equipaje suficiente.&lt;br /&gt;
Ella sabía que Sariel era inmortal. Desde el primer momento supo que no estaba vivo.&lt;br /&gt;
Merlina le decía cuando había peligro, le advertía sobre el reflejo de luna y ocasionalmente le ayudaba a encontrar a alguna persona «especial». Nunca había visto a Sariel entenderse con esas personas, jamás se lo permitía. Lo curioso era que nunca más volvía a ver a esas personas, sólo en ocasiones asomaban por la mente y sueños de Sariel.&lt;br /&gt;
Le gustaba la palidez de él, casi del mismo tono que la suya. Su rostro afilado, sus manos, sus dientes. Hacían una pareja perfecta. Lo cuidaba de día, le narraba historias para alimentar sus sueños, le hablaba del futuro, de los demonios que se apoderaban de él y de sus visiones.&lt;br /&gt;
Por la noche eran un par de extraños amantes paseando por los parques. Él la empujaba en el columpio, en ese péndulo que marcaba el ritmo de la extraña infancia de Merlina. Sariel le contaba historias de otras tierras y otros tiempos, de almas que vagaban por la ciudad en busca de compañía, cuentos de sangre y rímel negro.&lt;br /&gt;
Merlina era especial en muchas formas, era la única cuyos sueños no podían ser leídos por Sariel. Y él se extrañaba por eso. Sus centurias vagando le habían hecho ver distintas perspectivas del mundo mortal. Aquellas personas que guardaban con celo sus sueños eran más propensas a ser amadas.&lt;br /&gt;
Una noche le había dicho que en realidad ella era una bruja. Y Merlina se alegró mucho con la noticia. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Aquella tarde Sariel despertó con la insistencia de ella.&lt;br /&gt;
Arrastraba las botas, Merlina se aferraba a su deshilachada chamarra de mezclilla, llevándolo por calles que habían perdido su nombre .&lt;br /&gt;
En su interior Sariel sabía que se trataba de una prueba de creencia.&lt;br /&gt;
Así que llegaron al mercado, vacío, lleno de focos amarillentos que semejaban estrellas en decadencia.&lt;br /&gt;
San Martín Caballero observaba con compasión desde su montura a un mendigo. El cromo se perdía entre una hilera de cabezas de ajos, herraduras y barajas de lotería, todo con un fondo de terciopelo rojo y lentejuelas metálicas que hacían un baño de sangre artificial. Unas pequeñas plantas de sávila, verdes, lechosas, guardaban cada esquina del local saturado de fetiches.&lt;br /&gt;
Las ranas secas bailaron con las ráfagas fugaces de viento.&lt;br /&gt;
Una anciana, arrugada y casi ciega, entonaba una antigua canción de cuna.&lt;br /&gt;
«Señora Santa Ana, ¿por qué llora el niño?»&lt;br /&gt;
«Por una manzana que se le ha perdido», pensó Merlina completando la canción, sin meditar que nunca la había escuchado antes en su vida.&lt;br /&gt;
Las veladoras en honor a la Virgen de Guadalupe se apagaron de golpe, llevándose la veneración. Los sobres del ungüento del amor, del zorrillo y otros productos desaparecieron a los ojos de Sariel, el olor a incienso le picó en la consciencia. El humo se llevaba los rezos escondidos de la anciana. Podía escucharlos, sigilosos, entremezcla pagana y religiosa que se unía al cielo.&lt;br /&gt;
Una mujer joven aguardaba en un rincón. Morena, exquisita. Especial. La astucia refulgiendo en sus ojos, vileza detectable a distancia.&lt;br /&gt;
Sariel mostró sus afilados incisivos, abrazando a Merlina, la fiera protegiendo a su cría.&lt;br /&gt;
—Dame a mi hija, nahual.&lt;br /&gt;
Sariel no comprendió el adjetivo, y mucho menos la maternidad sorpresiva. Las brujas tenían modos extraños de presentarse.&lt;br /&gt;
—El padre no tiene nombre pronunciable —la mujer se les acercó con cautela felina, sintiendo el olor de Sariel en la atmósfera, el perfume que pocas personas podían reconocer, partículas destiladas en aquellos organismos mágicos.&lt;br /&gt;
Merlina quería llorar, arrancarse a correr, decirle a Sariel que se arrepentía y que no había mejor lugar en la ciudad que aquella lavandería con olor a suavizante donde se habían conocido.&lt;br /&gt;
La anciana derramó una lágrima que sólo la niña pudo ver. La habían engañado.&lt;br /&gt;
Sariel recibió una embestida de plegarias inconexas, la mujer estaba decidida a arrebatarle a su Merlina. A su única compañía, a su amante.&lt;br /&gt;
Se distrajo.&lt;br /&gt;
Y las uñas de la mujer trazaron pequeños surcos en el rostro de Sariel, veloces aún para él, impulsadas por una fuerza que escapaba a sus conocimientos.&lt;br /&gt;
«Yo por ti me moriría de nuevo», pensó.&lt;br /&gt;
Surgió la bestia contenida en él, buscando el daño preciso, el frágil hilo de la vida que pudiera romperse. Por que la bruja, después de todo, tenía la sangre caliente. Y cada gota ácida que cayó sobre su cuerpo le llenaba de confusión.&lt;br /&gt;
Comprendió que Merlina observaba a la creatura que en realidad era Sariel.&lt;br /&gt;
Pero lo hacía por ella.&lt;br /&gt;
Y la afilada dentadura encontró el cuello, desgarrando la piel, llenando su boca con sangre hechizada, saturada con sabiduría obscura, antigua.&lt;br /&gt;
La separó de él.&lt;br /&gt;
—Tu y yo somos de la misma especie —la mujer habló sofocándose, mezclando sus lágrimas con su propia sangre—. La niña te traerá problemas.&lt;br /&gt;
«No importa», pensó Sariel. Hundió su delgado brazo en un costado de la mujer, percibiendo su dolor, su extinción ingrata. Tomó el negro corazón que se convirtió en arena.&lt;br /&gt;
El resto de su cuerpo se marchitaba lentamente, contrayéndose en una combustión invisible propia de aquellos que poblaban la noche.&lt;br /&gt;
Sariel lloraba. No sería inocente a los ojos de su Merlina&lt;br /&gt;
«Yo por ti me moriría de nuevo», la besó en la frente.&lt;br /&gt;
Para ella Sariel siempre sería inocente. Por que los niños siempre buscaban un refugio, un amigo imaginario que los protegiera, que los escuchara. Merlina tenía mucha suerte, Sariel era real. Tomó del suelo una baraja de lotería. El Diablito bailaba gozoso en aquel rectángulo de cartón. Sariel era parte de una lotería obscura que se abría paso en tierra extraña. Sonrió.&lt;br /&gt;
La calma.&lt;br /&gt;
Aquellos seres nocturnos no existían. No en este mundo. No al que alguna vez Merlina había pertenecido.&lt;br /&gt;
La anciana abrazó a Merlina y la santiguó con una fe envidiable. Descolgó de su estantería un pequeño amuleto, una semilla redonda, obscura, un ojo de venado. Lo colgó alrededor del pequeño cuello. Ahora Merlina estaría más protegida que nunca.&lt;br /&gt;
—¿Quién es Merlina? —preguntó Sariel a la anciana.&lt;br /&gt;
—Tu corazón —la anciana le acarició las heridas que de inmediato sanaron.&lt;br /&gt;
Había cosas en el mundo que se podían curar.&lt;br /&gt;
Los vio alejarse.&lt;br /&gt;
—¿Y tú que eres? —Merlina preguntó mientras descansaba su cabecita en el hombro de Sariel&lt;br /&gt;
Él no contestó. No lo haría.&lt;br /&gt;
Sariel la cargó de camino a su refugio. Y por primera y única vez le leyó un sueño, mismo que guardaría como un preciado tesoro.&lt;br /&gt;
Merlina durmió hasta muy tarde al día siguiente, sujetando con firmeza el ojo de venado sobre su pecho. Al despertar, observó a Sariel en su trance, y recordó lo que él le había dicho en sueños:&lt;br /&gt;
«Aquí es la encrucijada, Merlina. Soy parte de ti, y te protegeré hasta que crezcas, hasta que llegue el punto en el que comprendamos tu verdadera misión en este mundo cambiante. Podrás contarle a la gente sobre nuestras experiencias, lo contarás cuando seas una verdadera bruja, pero mientras descansa, soy solo un demonio que desplaza leyendas que poco a poco mueren, y créeme que no es nada fácil llevar esta carga...&lt;br /&gt;
«Te amo.»&lt;br /&gt;
Merlina abrazó a su vampiro, esperando pacientemente hasta que el crepúsculo los reuniera de nuevo.&lt;/FONT&gt;&lt;/EM&gt;&lt;br /&gt;
&lt;IMG height=402 src=&quot;http://blackdiary.weblogger.com.br/img/obscury1.jpg&quot; width=495&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/FONT&gt;
&lt;/p&gt;

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